Canelón de Galera y Trufa, Un bocado de mar y montaña.
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Canelón de galera con trufa: el Mediterráneo en su máxima expresión. Hay platos que despiertan la curiosidad desde el primer vistazo y otros que, con solo un bocado, te transportan a un rincón especial del mundo. El nuevo canelón de galera con trufa de Casa Jaime de Peñíscola es ambas cosas: una obra maestra que captura la esencia del mar y la sofisticación de la tierra en perfecta armonía.

«La galera es un tesoro escondido del Mediterráneo, y cuando se trata con respeto y creatividad, el resultado es asombroso», comenta un chef local sobre este crustáceo, a menudo infravalorado pero de un sabor inconfundible.
Aquí, la galera (Squilla mantis) se presenta en su versión más sublime, envuelta en una fina pasta crujiente que, al romperse, libera un relleno untuoso con notas marinas profundas. La salsa, de textura sedosa, realza su sabor con un toque de lácteos y umami, mientras que la trufa rallada a mano aporta un perfume terroso e hipnótico que se despliega antes de llegar al paladar.
El resultado es un equilibrio perfecto entre el crujiente y lo meloso, lo sutil y lo intenso, con un retrogusto que permanece en la memoria. Un plato que no solo se disfruta, sino que se experimenta.
La salsa que lo acompaña es un festival de aromas, coronado con trufa rallada, cuyo perfume terroso eleva el conjunto a un nivel de sofisticación inesperado. La trufa, ese diamante negro de la gastronomía, aporta matices profundos y envolventes que se entrelazan con la intensidad marina de la galera.

El maridaje perfecto: un blanco con alma
Para acompañar este plato, es esencial un vino con frescura, mineralidad y una estructura capaz de armonizar el yodo de la galera y la profundidad aromática de la trufa. Nuestra recomendación: un vino blanco de la variedad Garnacha Blanca del Terra Alta o un Chablis de Borgoña.
- Garnacha Blanca del Terra Alta: Su untuosidad en boca y notas de fruta blanca y almendra realzan la suavidad del canelón, mientras que su acidez equilibra la cremosidad de la salsa.
- Chablis (Chardonnay, Borgoña): Con su marcada mineralidad y frescura, complementa el carácter marino del plato y potencia la elegancia de la trufa sin eclipsarla.
Ambas opciones permiten que cada bocado se prolongue en el paladar, elevando la experiencia a otro nivel.
Cada bocado de este canelón es un homenaje a la temporalidad y a la riqueza del Mediterráneo, una oda a los sabores del mar y la tierra en perfecta armonía. Un plato de temporada que no solo se degusta, sino que se recuerda.
📍 Casa Jaime – Av. Papa Luna, 5, Peñíscola.
🔆 Sol Repsol | Cocina marinera con alma
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