Las Provincias

Ruta Arrocera

Los Arroces son para el verano. Ruta Arrocera. Once arroces más otro mítico de propina. Doce en total. Un puñado de lugares donde probar uno de los platos que da más vida a la gastronomía valenciana. Aquí hay un gastroplan.

CLÁSICOS

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MÍTICOS

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I. Parte. Diario de un espía con flotador (cuchillo y tenedor) 

#aBOCAdos-1Cinco rutas para comerse el verano.  #aBOCAdos-2. Paraíso Travel: El penúltimo sueño de Junior Franco.  #aBOCAdos-3. Aponiente, entre sirenas y sal  #aBOCAdos-4. El nuevo Ricard Camarena: un purasangre hacia las estrellas #aBOCADdos-5. Noor, el gran festín andalusí  #aBOCAdos-6. Un paseo para comerse Cádiz

… y @aBOCAdos7 (y último). La ruta del arroz.

A partir de la próxima semana

II Parte del Diario de un Espía con flotador.

#desBOCAdos (sin orden ni concierto)

¿Dónde me puedo comer un buen arroz? La pregunta gastronómica del verano ya tiene respuesta. O al menos, unas cuantas respuestas porque en esta Comunitat, por suerte, hay muchos lugares donde comer un buen arroz, pese a que muchos piensen lo contrario. Sólo hay que salir a buscarlo. De entrada, os propongo una docena de sitios haciendo ruta de norte a sur. Podríamos citar algunos renombrados (casi históricos) si habláramos de arroces de vanguardia. pro ejemplo, el arròs brut de Bernd H. Knöller; el arroz con cenizas de Quique Dacosta (o el de su menú DNA) o, por no ir muy lejos, el de chipirón que en la actualidad ofrece en su nuevo menú y su nuevo restaurante Ricard Camarena. Extraordinario.

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Pero mejor vamos a mirar hacia la tradiciones. A los arroces de siempre, bien hechos. Con permiso de Galbis, ya sabes que ha sido familia arrocera que han logrado una relevancia internacional, nos vamos de paseo en busca de algunos de ellos. No están todos los que deben estar (lo sé) pero los que están te van a ayudar. Espero.

Casa Jaime (Peñíscola)Calabuch

Empezamos por el norte y nos vamos con un arroz que es todo un clásico. Arroz en Casa Jaime: un revolcón marino (con espardenyes y ortiguillas) que preparaba el patriarca del local, Jaime Sanz, al director de cine valenciano cuando grababa, precisamente, la película de Calabuch. Berlanga sería feliz.

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Barbados (Valencia)Arròs a banda

Un restaurante de Valencia para seguir. No es de los céntricos ni de los clásicos (al menos no es de los más mediáticos), pero hacen un arroz a banda digno de ser probado. Y junto a él, no me perdería sus almejas marineras. Otra opción es probar alguno de los muchos que hacen en El Palmar, el de Casa Carmina en El Saler, el que te ofrece la arrocería Goya… Pero como hay que centrar el tiro, ahí queda Barbados.

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Casa Carmela (La Patacona)Paella

Seguimos en Valencia y nos vamos a buscar la paella clásica, hecha a leña. La propuesta es Casa Carmela, en La Patacona, para saborearla tal y como la degustaría hace ya unas décadas el propio Blasco Ibáñez. Cerca, en Las Bairetas de Chiva, hay otra buena opción. Y en mitad de la huerta, en la pedanía de Roca-Cuper, la clásica de la taberna El Famós. No será por sitios, ¿verdad?

Restaurante Casa Carmela. Foto de Juan J. MonzóRestaurante Casa Carmela. Foto de Juan J. Monzó

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Casa Jaime cumple medio siglo


El establecimiento de Peñíscola cuida la cocina marinera y mediterránea. Articulo de prensa del periódico Las Provincias, por Pedro G. Mocholi. (critico gastronómico)

Está claro que la Peñíscola de hoy en día dista una enormidad a la de 1967 cuando Jaime Sanz bajo de la barca de bajura dónde ejercía de cocinero.

Entró siendo apenas un chaval de 14 años, y allí se formó cómo cocinero, adquiriendo una experiencia y un conocimiento al alcance de muy pocos. Ese aprendizaje le permitió conocer ese inmenso mundo marino que está al alcance de muy pocos, sacando un provecho infinito que ha sido fundamental en las labores de cocinero que ha desarrollado durante toda su vida.

El primer establecimiento lo abrió junto a Pilar Bonfill su mujer en el propio Castillo, en la C/ Matilde Tinot, 3. Allí se conjuntaban las tapas con la cocina de producto que en aquellos años eran la base de la cocina de Jaime.

Pasaron los años, y el casco histórico se sacrificó en pro de una Peñíscola que abrazaba al turismo, al igual que habían hecho muchas localidades de la Comunitat que eran bañadas por el Mediterráneo.

Era el año 1982 y Casa Jaime ya era un restaurante conocido y muy valorado. Jaime ofrecía una cocina casera, natural y familiar, basada en la calidad de un producto que él conocía como pocos. Géneros que había visto salir de las redes en los barcos en los que había cocinado, ello le daba un amplio conocimiento sobre las posibilidades y cómo sacar ese mayor rendimiento en su cocina y en sus platos.

La primera vez que llegué a Casa Jaime fue gracias a mi buen amigo Javier Mico que ejercía de notario en la localidad de Benicarló. Era una noche de noviembre de 1993, volvía de Barcelona y salí de la autopista a saludarlo.

Cuando llegué a la Notaria, nos fuimos a cenar. Primero fuimos a un restaurante en el propio Benicarló, pero nos dijeron que ya habían cerrado. Acto seguido, Javier me dijo, «vamos a Casa Jaime».

En apenas 10 minutos llegamos. El local estaba a medio luz, nos recibió su hijo Jaime, que de inmediato encendió el resto de luces. Enseguida salió su padre, saludó a Javier y nos dijo que nos sentáramos.Me sorprendió la atención y la hospitalidad; no era muy tarde, pero sin duda en casa se estaría mucho mejor; sin embargo nos acogieron con gran familiaridad.

En apenas un momento teníamos un plato de langostinos recién cocidos y ciertos moluscos. Acto seguido y como final, Jaime sacó una caldereta de langosta de gran calidad. Fue una agradable sorpresa. Pasaron varios años y durante la presentación de la guía Lo mejor de la Gastronomía en 1997, los volví a encontrar. Hablamos de aquel primer encuentro, y de cómo me había sorprendido el trato tan agradable que nos habían brindado.

A los pocos días tenía que ir a Barcelona, así que a mi vuelta iría a verlos. Así lo hice, y desde entonces, mis visitas a Casa Jaime son bastante frecuentes.

Hoy en Casa Jaime la oferta gastronómica de calidad no solo se sigue manteniendo, sino que se ha incrementado con la incorporación hace unos años de Jordi Sanz, el hijo pequeño de Jaime y Pilar.

Conocimiento marinero

La oferta de Casa Jaime no es muy grande, pero lo necesariamente extensa para disfrutar de todo ese conocimiento marinero que Jaime posee, y que sabiamente a transmitido a su hijo.

Sin lugar a dudas, su plato más emblemático es el Arroz Calabuch, un arroz creado por Jaime en recuerdo a Calabuch, la película que rodó Luis G. Berlanga en Peñíscola.

Durante un homenaje que se rindió al cineasta valenciano, reconoció que el mayor reconocimiento que podía tener, es que un plato llevara el nombre de una película suya.

Por supuesto en mi última visita no faltó el arroz Calabuch. Un arroz poderoso de sabor marino gracias a las ortiguillas que añade Jaime y que le trasmite ese sabor yodado que prolonga su sabor en el paladar. Es un arroz que llevo años probando y que nunca dejaré de pedir cuando acuda a Casa Jaime. En esa última visita, hubieron algunos platos nuevos que me sorprendieron, no solo por la calidad de los mismos, sino por la personalidad de Jordi a la hora de crearlos.

Comenzamos con unos ceviches de lubina, servidos en una almeja de sensual sabor. Continuamos con unos crujientes de galera y albahaca, sobre los que ralla un poco de corteza de piel de limón para darle un ligero frescor.

Sorprendente el plato de espardeñas, hígado de rape y corazones de alcachofa. Cada ingrediente elaborado por separado, pero ensamblados en el plato con gran precisión, y respetando los sabores propios; sin lugar a dudas, el hígado del rape es un bocado exquisito que debería tener más presencia en las cocinas.

La siguiente novedad fue carpaccio de alcachofas con galeras, huevas de erizo y de trucha, piñones, alga codium y unas perlas de wasabi. Los sabores marinos están muy presentes en la cocina de Jordi. Siempre los desarrolla desde el equilibrio y ese conocimiento que posee del producto, haciendo que todos ellos saquen sus cualidades y ensalcen el plato. Siguen ofreciendo la cazuela de Llanegas a la Bilbaína, un plato divertido y que su hermano Jaime, se encarga de romper el huevo que corona la cazuela. El servicio lo desarrolla Jaime y sigue siendo muy cuidado y detallista.

Son 50 los años que Casa Jaime está abierto, de lo que nos alegramos. Es síntoma de fidelidad, de cariño y sobre todo de profesionalidad, por ello queremos felicitar a la familia Sanz Bonfill por los años que nos han hecho disfrutar de su gastronomía, y porqué queremos que sigan muchos más años haciéndolo.