Historias con Delantal

El arroz de la abuela Rafaela

El arroz de la abuela Rafaela y otros guisos de Domingo por Mr. Cooking @JesusTrelis

Los domingos, aquellos guisos de la abuela, el arroz como principal protagonista de nexo de unión. Familia, amigos, invitados. Un arroz de salmonetes, otro de manitas. Un tercero de pieles de bacalao y el ‘all i pebre’ que hacía la abuela Teresa. Con este menú abrimos, de nuevo, la taberna de Mister Cooking. Va a ser más que un plato, cuatro. Cuatro historias para una fiesta. Casa Jaime, los hermanos Castaño, Joaquín Baeza y Belén Mira son los invitados.  Darán voz , con sus recuerdos, a esta cocina de post-guerra que, en realidad, es la cocina de nuestras esencias.

Grandes titulares y una fotografía, que empezamos:

El arroz de la abuela Rafaela

El arroz de la abuela RafaelaArroz de la abuela Rafaela. Imagen cortesía de Casa Jaime.

El arroz de la abuela Rafaela


Era domingo, cuando cotilleando en los archivos danzantes de las redes sociales, éste espía zampagrullas se dio de bruces con esta fotografía (la que tienes arriba) y este enunciado:

“Arroz de la abuela con gallineta y sepionet”

“¡Por todos los dioses!”, exclamé. Había algo en esa paella de domingo que pellizcaba mi alma. “Despierta”, me decía. Cogí mi delantal volador y me planté ante Jaime Sanz, allí junto al Mediterráneo, para que contará la historia de este arroz que me había zarandeado. Así fue como descubrí quién era Rafaela. La abuela de Jordi y Jaime. la madre del patrón del restaurante de Peñíscola.

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“El arroz lo hacía mi abuela, que era mujer de pescador; ella enviudó pronto, pero los pescadores le seguían dando la bolsa de morralla con lo que desechaban de la captura de las barcas del tresmall; muchas veces le daban salmonetes y sepias que no se podían vender, porque estaban dañados por los mordiscos de los cangrejos, pero sí que estaban ricos”, señaló. Con los lomos de esos salmonetes y los trozos sanos de esa sepia, junto a un fondo de pescado que se presumía memorable, nacía el arroz de Rafaela. Ese que ahora sirven en Casa Jaime, algo refinado, con gallineta y sepionet.

Imagen cedida por Casa JaimeImagen cedida por Casa Jaime

Jaime hijo me contó la historia como quien bucea en su pasado. Pero fue su padre, también Jaime, quien ha pilotado su restaurante desde hace ya medio siglo, quien me trasladó hacia aquel tiempo. “Mi madre era una economista de la post-guerra”, me resumió. Y me volvió a poner en valor el arroz del que te hablo. Y, sobre todo, lo que hay detrás. Un guiso, como cualquiera de los que se hacía en las casas de pueblos pescadores, en los que Jaime me lo dijo muy claro: “ella era de esas mujeres que de la nada te hacían excelentes comidas; el fruto de la pobreza”.

Un arroz marinero, en cualquier caso, que esconde el retrato de toda una época. Aquella época que cada domingo revivimos, como si no quisiéramos desligarnos de nuestros antepasados y nos empeñáramos en sacar a pasear a la memoria. La memoria de un arroz de lomos de salmonetes maltratados por los cangrejos y de sepias maltrechas que mantenían el profundo sabor del Mediterráneo.

P. D- Por cierto, que en casa Jaime, de puertas a dentro, de golpe puedes descubrir guisos como éste que se cocinan para el rancho de la familia. Y que ya quisiera yo hincar el diente. Este pulpo con patatas no lo pude olvidar…

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Y otros guisos de domingo…

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Ruta Arrocera

Los Arroces son para el verano. Ruta Arrocera. Once arroces más otro mítico de propina. Doce en total. Un puñado de lugares donde probar uno de los platos que da más vida a la gastronomía valenciana. Aquí hay un gastroplan.

CLÁSICOS

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MÍTICOS

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I. Parte. Diario de un espía con flotador (cuchillo y tenedor) 

#aBOCAdos-1Cinco rutas para comerse el verano.  #aBOCAdos-2. Paraíso Travel: El penúltimo sueño de Junior Franco.  #aBOCAdos-3. Aponiente, entre sirenas y sal  #aBOCAdos-4. El nuevo Ricard Camarena: un purasangre hacia las estrellas #aBOCADdos-5. Noor, el gran festín andalusí  #aBOCAdos-6. Un paseo para comerse Cádiz

… y @aBOCAdos7 (y último). La ruta del arroz.

A partir de la próxima semana

II Parte del Diario de un Espía con flotador.

#desBOCAdos (sin orden ni concierto)

¿Dónde me puedo comer un buen arroz? La pregunta gastronómica del verano ya tiene respuesta. O al menos, unas cuantas respuestas porque en esta Comunitat, por suerte, hay muchos lugares donde comer un buen arroz, pese a que muchos piensen lo contrario. Sólo hay que salir a buscarlo. De entrada, os propongo una docena de sitios haciendo ruta de norte a sur. Podríamos citar algunos renombrados (casi históricos) si habláramos de arroces de vanguardia. pro ejemplo, el arròs brut de Bernd H. Knöller; el arroz con cenizas de Quique Dacosta (o el de su menú DNA) o, por no ir muy lejos, el de chipirón que en la actualidad ofrece en su nuevo menú y su nuevo restaurante Ricard Camarena. Extraordinario.

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Pero mejor vamos a mirar hacia la tradiciones. A los arroces de siempre, bien hechos. Con permiso de Galbis, ya sabes que ha sido familia arrocera que han logrado una relevancia internacional, nos vamos de paseo en busca de algunos de ellos. No están todos los que deben estar (lo sé) pero los que están te van a ayudar. Espero.

Casa Jaime (Peñíscola)Calabuch

Empezamos por el norte y nos vamos con un arroz que es todo un clásico. Arroz en Casa Jaime: un revolcón marino (con espardenyes y ortiguillas) que preparaba el patriarca del local, Jaime Sanz, al director de cine valenciano cuando grababa, precisamente, la película de Calabuch. Berlanga sería feliz.

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Barbados (Valencia)Arròs a banda

Un restaurante de Valencia para seguir. No es de los céntricos ni de los clásicos (al menos no es de los más mediáticos), pero hacen un arroz a banda digno de ser probado. Y junto a él, no me perdería sus almejas marineras. Otra opción es probar alguno de los muchos que hacen en El Palmar, el de Casa Carmina en El Saler, el que te ofrece la arrocería Goya… Pero como hay que centrar el tiro, ahí queda Barbados.

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Casa Carmela (La Patacona)Paella

Seguimos en Valencia y nos vamos a buscar la paella clásica, hecha a leña. La propuesta es Casa Carmela, en La Patacona, para saborearla tal y como la degustaría hace ya unas décadas el propio Blasco Ibáñez. Cerca, en Las Bairetas de Chiva, hay otra buena opción. Y en mitad de la huerta, en la pedanía de Roca-Cuper, la clásica de la taberna El Famós. No será por sitios, ¿verdad?

Restaurante Casa Carmela. Foto de Juan J. MonzóRestaurante Casa Carmela. Foto de Juan J. Monzó

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La ruta valenciana de la croqueta

Las de la abuela son indiscutiblemente las mejores. Y si no, las de mamá. Lo mismo da. Las hay de ave, de jamón, de queso, de Galera, de pisto, de todo tipo de pescado, de boletus o de foie. De todos los gustos y de todos los tamaños; redondas o cilíndricas, tradicionales y ultra-modernas, líquidas por dentro o con sorpresa. Cada una tiene su esencia, su historia, su verdad. Que a veces, por cierto, puede ser desastrosa. ¡Te lo dice Cooking, que he hecho croquetas con el cartel de: “prohibido comérselas por catastróficas”!

Hoy me he empeñado en desvelarte el Informe Croquetas. Aunque ya sé que erraré, que dejaré muchas exquisitas en cualquier rabanera de cualquier bar invisible. Esa croqueta perfecta que sólo tú sabes dónde te la servirán. Pero bueno, lo debemos intentar. Así que mira algunas pistas del mapa que vamos a recorrer:

¿Una croqueta de pesto muy Ricard?

¿Una de galeras junto al Papa Luna allí en el mar?

¿Una de las que realiza este mago de las croquetas que te voy a presentar?

Si me sigues, conocerás croquetas de aquí y de allí. Croquetas para enloquecer, algunas para volver al pasado y otras para aprender. Aprender, sí, porque en medio de tanta gastrosofía, una tímida croqueta te puede hacer ver la luz, transmitir más sensaciones y más emociones que cualquier rimbombante menú.

Articulo: Jesús Trelis – Historias Con Delantal – Las Provincias

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Arroz de Mar y de Galera

Arroz de mar y de galeras. casa Jaime#HistoriasconDelantal Autor: @JesusTrelis

Arroz de Mar y de Galera
Contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.

Aquella noche me abrazó el mar y fui un naufrago al que las olas de la irrealidad le llevaron a una bendita deriva. Todo era posible, todo era real. Hasta los imposibles más imposibles rezumaban verdad. Vi sirenas, y gaviotas que me hablaban, y el  rey del mar coronado con una hermosa guirnalda de gambas rojas y coral y de galeras. Fui arena de playa, un espía desnudo, un robinsón libre que no quería despertar. Pero el amanecer teñido de realidad amenazaba con convertir en añicos mi apasionante sueño de madrugada.

Yo no quería dejar que de mi memoria se escaparan estos sueños que eran hechizos…
Quimeras con sabor a mar

Carpaccio de Gamba roja del Mediterraneo Arroz Calabuch

El astro que todo lo marca -tiempo y días- quería despertarme de mi naufragio. Pero abrí los ojos, salté del sueño y grité en medio de mi océano de pensamientos como una gaviota enloquecida: “Quiero seguir navegando, quiero seguir en el mar… quiero seguir soñando”. Y las sirenas me murmuraron: ” quédate…”
Gaviota cantando al Papa Luna

…se te helarán  los dedos
y el corazón y los olores
se te helará la noche
y la arrogancia y las rodillas…

…me recitó una de ellas, alma de Benedetti diría yo. Sus versos me llenaron de temor. No quería despetar. No quería abandonar mi travesía por los sueños de plenamar. Quería frenar el sol, desterrar el amanecer… quedarme en esa isla de fantasías por la que había deambulado una noche en la que desubrí que los sueños no tienen límites y que, incluso, se pueden cumplir.
El Camino del sueño #Peñiscola
Salté de la cama,  paré todos los relojes de la casa, desterré el despertador, cerré la agenda…. abrí la vida. La ilusión.  Escondí mi traje de superagente en un armario bajo diez llaves y un código olvidado. Y cuando me vi ante el espejo de mi vida,desnudo, como los Hijos del Sol, saqué mi ovillo de las fantasías y seguí tejiendo mi sueño. “Que nada ni nadie se cruce en mi carrera. Los sueños están para cumplirse”, grité de nuevo vendiendo mi alma al Dios de los Imposibles.

…vendiendo mi alma al Dios de los Imposibles.
…vendiendo mi alma al Dios de los Imposibles.

Entonces, el tiempo se paró, mi cuerpo se transformó y de mi interior brotó una GAVIOTA.

Todo fue como un poema… un poema mínimo
velas blancas sombras de alas
engullidas por volutas
de agua sal espuma claras
(versos de Ramón Dachs)
 Desde el País de las Gastrosofías volé hasta aquella isla de fantasía. Un castillo, un faro, un peñasco, luz del Mediterráneo…Bienvenido, hace mucho tiempo que te esperaba“, me soltó contundente el Papa de la Luna. De las lunas. “Ésta es tu isla, tu sueño…“, me soltó. “Hacía tiempo que quería llegar hasta aquí. Les prometí a  Jaime y a sus hijos hace ya que vendría a visitarles...”, intenté justificarme. Pero me pidió silencio. Había vendido mi alma a lo imposible y ya todo estaba en sus manos.

Estatua del Papa Luna Palabras a cambio de sueños. Imágenes a cambio de sabores. Ilusiones a cambio de gozos.  “Calla, déjate llevar, para ti el tiempo ha dejado de contar; ni hay pasado ni hay futuro… hay sueños“, sentenció con el ceño fruncido. Y recostado a su lado, una gaviota en el hombre del Papa que habla con los astros, empezó a contarme historias…

MICROSUEÑOS
del Papa Luna

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25 platos que hay que probar

25 platos que hay que probar @JesusTrelis @LasProvincias

25 platos que hay que probar @JesusTrelis @LasProvincias

25 platos que hay que probar, 25 platos para salir volando, 25 platos siderales, 25 platos que dejan huella, 25 platos que enamoran…

por: @JesusTrelis @LasProvincias

No son los más sofisticados, ni siquiera te ofrecen los sabores más rebuscados.Son sólo los platos que has de probar porque te aportan felicidad. O eso creo yo, un espía advenedizo que se ha colado en La Corte del Delantal.

Hay veces que me gusta someterme al martirio placentero de los recuerdos. Aunque entre nosotros, me gusta más dejarme llevar por las incertidumbres del futuro. Los superagentes somos así. Y los del País de las Gastrosofías aún más. Me paso las semanas planeando, imaginando, soñando. Creyéndome que tal día viajaré a Diverxo, que el otro estaré con Sandoval; soñando que subiré a Casa Gerardo, que  algún día conquistaré la cima de Mugaritz y me echaré a llorar. Y hasta me imagino que me dormiré una noche cualquiera entre los algodones de Los Roca. ¡ Es tan fácil soñar que a veces suelto los globos y me dejo llevar! Como un niño con alas.

“Entretanto déjame caminar, coger bayas silvestres
para apagar mi amor hacia ti, por tus senderos, tierra!”
Hölderlin
Pero volvamos al ayer. La memoria, el pasado a veces idealizado, me sirve para dibujar sonrisas. Para volver a disfrutar de mesas ya compartidas, saborear de nuevo esos platos que me pusieron aquel par de alas en los omóplatos y me hicieron flotar. “Aletea, aletea, sube venga… vuela Cooking, vuela”.  Porque me gusta mirar al pasado, tengo sobre mi mesa, una mesa cuadrada y al tiempo redonda, a veces muy alta y otras extremadamente baja… tengo sobre mi mesa, te decía,  mi colección de platos llamados a formar parte de la eternidad. Esos que una vez los has probado nunca los puedes ya olvidar. Como si Lewis Carroll lo hubiese impregnado de un hechizo literario.

Platos de los que te enamoras, platos que te hacen palpitar, platos que revolotean en el estómago y te hacen silbar de felicidad. Veo sobre mi mesa tantos y tanto, que me llego a emocionar. “¿Todos ellos me han hecho bailar, cantar, reír, disfrutar, correr, recitar, aplaudir, vitorear?”

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